Estábamos con un negocio que había empezado con un sólo local, pero fue haciendo las cosas bien y fue creciendo al punto de tener cinco sucursales.
El único tema era que las responsabilidades que tenían las personas no habían cambiado, sólo se les había pedido que agarraran más cosas.
Claramente había mucho caos adentro, la gente estaba saturada de trabajo, había confusión. empezó a haber rotación y por lo mismo que había gente nueva, sin saber qué hacer, con mucha carga de trabajo, pues era retrabajo para los que sí estaban y se volvió un círculo vicioso.
Es muy entendible no querer desaprovechar la oportunidad de crecer, pero si no nos damos el tiempo de ordernarnos a la par, eventualmente se puede hacer un problema grande.
Lo primero que hicimos fue hacer un diagnóstico y vimos que había mucha falta de claridad impidiendo que los procesos se hicieran correctamente, por ejemplo:
1) No había un control en el almacén: La persona de almacén cada vez estaba recibiendo más producto y no tenía suficiente espacio dónde acomodarlo, esto generaba un desorden de inventario, hacía más dificil saber cuánto inventario realmente había, esto hacía que se comprara de más, etc...
2) Las vueltas del chofer era muy ineficientes: En un principio las vueltas del chofer eran pocas, por lo que no pasaba nada, pero conforme el negocio fue creciendo, se empezaba a tardar mucho en sus vueltas, se le olvidaban cosas, gastaba mucho en gasolina, etc...
3) O nadie hacía nada o dos personas hacían lo mismo: Por lo mismo que sólo se le fueron agregando tareas a las personas, habían ocasiones en que la misma actividad la hacían dos personas diferentes o actividades que nadie hacía (hasta que llegaba el dueño y lo resolvía).
Faltaban procesos claros y responsabilidades claras:
Los hábitos son retadores para cambiar pero la operación mejoró bastante.
Al principio la gente tendía por naturaleza a hacer lo mismo que hacía siempre, pero con mucho acompañamiento del dueño, poco a poco la gente fue redirigiéndose a hacer lo que sus nuevas responsabilidades les dictaban.
Se amplió el almacén y ahora sí estaba más ordenado, ya era más fácil ver qué teníamos, cuánto teníamos y mucho más fácil surtirlo. Las vueltas del chofer eran más efectivas y hasta pudo empezar a apoyar en otras actividades del negocio y la gente empezó a durar más porque ahora no estaban tan saturados.
Lo chistoso es que el dueño no quería dedicarle tiempo a esto porque temía que se le escapara la oportunidad de crecimiento, cuando en realidad lo que sucedió fue que el negocio empezó a crecer más precisamente a que se dio este tiempo de dejar preparada la infraestructura de su negocio.