En una ocasión estábamos con una panadería que quería vender más; la dueña mencionaba que ya había intentado varias cosas pero que no le habían funcionado, sentía que estaba un poco ciclada y le interesaba la opinión de alguien de fuera.
En una de las pláticas que tuvimos hizo un comentario sobre su catálogo de productos, que ya estaba un poco viejo y necesitaba una actualización.
A pesar de lo que ella nos había dicho que había hecho, al negocio le faltaba un poco de empuje en la parte de innovación, mejoras, etc.... entonces eso, sumado al comentario de su catálogo, decidimos echarle un vistazo.
El catálogo estaba viejo y algo limitado en cuanto a opciones, por lo que tanto una actualizada como una introducción de productos nuevos le darían una bocanada de aire fresco al negocio.
Entonces lo primero que hicimos fue preguntarle a la gente.
Pusimos a las encargadas de la panadería a escribir cinco preguntas y/o comentarios que les hacían los clientes durante el día.
No tenían que preguntarles, sólo tenían que estar atentas y capturar lo que se les hiciera interesante.
Cinco observaciones pueden sonar pocas, pero cuando lo haces día con día, durante un mes, empiezan a sumar y se vuelve una base de datos muy interesante.
La gente pregunta lo mismo, sus perfiles son muy parecidos y sus necesidades son muy parecidas; entonces empiezan a surgir patrones.
Al final del mes revisamos los comentarios y hubieron un tipo de preguntas que resaltaron más que las demás por la cantidad de veces que las mencionaron: que si el producto lo habían hecho con splenda, que si lo manejaban en piezas individuales, que si lo tenía sin gluten, etc.....
En base a esta información, nos quedó muy claro que la gente estaba buscando productos saludables.
Entonces decidimos sacar una línea de productos saludables: analizamos los productos más populares, revisamos cuáles tenían potencial para sacarlos en versión saludable, qué tanto afectaría la operación el empezar a fabricarlos, etc... y los empezaron a hacer.